martes, 1 de marzo de 2011

Eternal toothbrush of the spotless mind

Leyó el folleto de instrucciones detenidamente, como siempre hacía.

Contador de tiempo integrado: Un contador de 2 minutos, que apagará el cepillo durante un segundo, le recuerda que el tiempo recomendado para la limpieza de dos minutos ha expirado.

Se ajustó las gafas al puente de su protuberante nariz mientras pensaba que ya era hora de comprarse unas nuevas. Quizás el sábado por la mañana, después de recoger los periódicos, acudiría a la óptica del famoso francés que animaba a todo el mundo a usar sus lentes con la más brillante de sus sonrisas. Aunque le provocaba desconfianza que fuera él, precisamente, el único que no llevara gafas en sus spots televisivos.

Aplicar una pequeña porción de pasta de dientes en el cabezal del cepillo.

Siempre había odiado las indeterminaciones. ¿Qué era una pequeña porción? ¿Un gramo, dos? Le recordaba a los restaurantes, cuando, al pedir un bistec, el camarero le preguntaba: "¿El caballero lo quiere hecho o al punto?". ¿Qué diantres quiere decir eso? Lo quería hecho, claro. Y al punto, evidentemente.

Se aventuró a colocar lo que sería una pequeña porción de pasta de dientes si es que hubiera una norma ISO que determinara lo que eso significa.

Pulsar el botón de encendido y cepillar la dentadura con normalidad.

Se avergonzaba de su gremio de escritores de folletos de instrucciones cuando se topaba con esas vaguedades. Con normalidad - pensó -, así que no puedo cepillarme los dientes boca abajo. Una risa de hurón silbó entre sus dientes, divertido ante su propia ocurrencia.

Procedió al cepillado, escrupuloso, de cada intersticio de su boca, esperando paciente la vibración que señalizara que había cumplido con su tarea eficientemente. Nunca había llevado reloj, se fiaba más de su capacidad innata de medir el tiempo. Era un reloj humano, y estaba orgulloso de ello. Y también estaba orgulloso de su capacidad para efectuar varias tareas a la vez, así que mientras se cepillaba los dientes, le dio tiempo a envolver el emparedado de atún que se llevaría a la oficina.

Como aún no sentía la vibración, pensó que era un buen momento para recoger la colada del tendedero. Luego la planchó, pensando que resultaba ciertamente incómodo realizar un planchado eficiente mientras con una mano sujetaba su cepillo de dientes.

Vio por la ventana del cuarto de baño cómo el Sol empezaba a calentar su casa, vio cómo llegaba al cénit y cómo se ocultaba de su vista de nuevo. Había quedado una noche preciosa, la Luna llena iluminaba su pálida cara a través de la ventana. Cuando acabe de cepillarme los dientes - pensó - tal vez salga a ver las estrellas un rato.

Le pareció sentir cómo su cepillo eléctrico empezaba a bajar la intensidad de su rotación multi-eje. Se enfureció cuando vio que en el folleto de instrucciones no decía nada de una progresiva disminución de la velocidad cuando llegara el momento de la vibración que marcaba los dos minutos. De repente, el cepillo dejó de moverse.

Indignado, cogió dos pilas nuevas de su cajón de pilas nuevas, las introdujo en el cepillo, y prosiguió con la tarea del cepillado, esperando paciente la vibración.

Mañana lo tiro y compro otro - se decía a sí mismo mientras observaba en el espejo del baño cómo un pequeño hilito de sangre se derramaba por la comisura de su boca -.

Cuando la policía llegó, alertada por las llamadas de los vecinos asqueados por el olor a carne pútrida, notaron cómo en medio del hedor, había un inconfundible aroma mentolado.

4 comentarios:

  1. Estas fatal.
    By the way Naïf va con diéresis.
    loveyou

    ResponderEliminar
  2. Querida Uve, Naïf va con diéresis en francés, no en castellano. Francófila del demonio.

    ResponderEliminar
  3. Bah, chorradas. Eso es como decir "gaspacho" en lugar de "gazpacho".

    ResponderEliminar
  4. No, amiga, es como decir New York en vez de Nueva York, London en vez de Londres, y dividi en vez de deuvedé.
    Por si lo necesitas: ¬¬

    ResponderEliminar